La prioridad de esta familia era clara: borrar los límites arquitectónicos para conectar sus momentos cotidianos. Abrimos el espacio mediante una gran puerta corredera que integra visualmente cocina y salón, permitiendo que la luz natural y la fluidez vital inunden ahora la vivienda.
Para vestirla, dejamos que la naturaleza entre en casa. Diseñamos una paleta sensorial donde las texturas tierra de la encimera y el verde agua de las paredes aportan frescura y calma, creando un refugio orgánico sobre un lienzo neutro y atemporal.













