Toda reforma nace de un sueño, y en este caso el anhelo era claro: un gran espacio para reunir a hijos y nietos. Ese deseo emocional se convirtió en el eje vertebrador de todo el proyecto.
Para hacerlo realidad, prescindimos de un dormitorio y eliminamos pasillos innecesarios, ganando los metros vitales para crear un espectacular salón-comedor que funciona como el verdadero corazón de la casa. Vestimos este espacio con piezas únicas traídas desde Francia, generando un diálogo perfecto entre mobiliario con historia y una base serena de madera y blanco. Un hogar diseñado, literalmente, para celebrar la unión.


























