Diseñar la primera vivienda propia es un viaje emocional entre la independencia y la nostalgia. En estos 50m², nuestro objetivo fue crear un refugio que abrazara esta nueva etapa sin soltar los vínculos familiares.
Para ello, revolucionamos la distribución transformando el antiguo dormitorio en una cocina abierta, delimitada por un cerramiento de vidrio que aporta carácter y profundidad. Sobre una base serena de tonos piedra y madera, integramos con mimo la lámpara de cristal y las sillas de su madre; piezas con alma que ahora conviven en un entorno moderno, haciendo que su nuevo hogar hable de sus raíces.






















